Varias veces, después del nacimiento de mi hija, a la que adoro, comenzé a preguntarme: "¿Qué hubiera pasado si...?" Esa frase retumbaba muchas veces y no en momentos de crisis, sino en momentos de llamadas de personas del pasado o simplemente al recordar algún momento fugaz.
Eso me llenaba de contradicciones y dudas, porque todo lo que me pasó hasta el momento, de una u otra manera se enredó y confabuló para que llegara al resultado que se tiene ahora, siendo mi principal logro, mi hija Alejandra.
Muchas veces dudé de las cosas que tenía por dentro, de lo que sentía, y me ponía a alucinar escenarios tan impresionantes o nefastos en mi vida si hubiera tomado algunas decisiones personales en su debido momento.
Ese miedo a lo desconocido, a lo que podría pasar, me mantuvo en una especie de pasividad frente a las cosas nuevas en mi vida, centrándome en otras, como por ejemplo mi carrera.
Hoy me siento nuevamente así, y la verdad creo que es parte de la vida cuando le pasan cosas que no las tenía proyectadas ni programadas, cuando llegas a un punto de la vida y sientes que no tienes ni idea de si lo que hago vale la pena, es momento de replantearse y hacer la pregunta del inicio del texto.
Con esto no quiero dar lecciones de posibles soluciones, pero creo que estas dudas siempre estarán en la mente en algún momento de la vida y depende de uno si las logra aceptar y afrontar o simplemente dejar que las cosas fluyan.
Tengo serias razones para plantearme y replantearme que hacer de mi vida, y la verdad no las quiero hacer por alguien en específico, sino por mí. Creo que esta acción controlada solo te la dan los años de experiencia y caídas en el proceso.
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