viernes, 10 de abril de 2026

Decisiones..

Es difícil comenzar a escribir estas palabras después de mucho tiempo de no hacerlo. Han pasado muchas experiencias, muchas personas, muchos amigos y sobre todo mucho amor. Quiero entender la vida como una buena serie, esas que te enganchan y no te dejan salir, pero que en este caso no tienen guion definido, número de temporadas  ni final conocido.

Recuerdo la ultima vez que escribí en este blog, era una noche lluviosa en mi querida Huancavelica, eran los primeros días en que llegaba a esas tierras, acogido en un cuarto de un hotel barato alquilado hasta poder encontrar una pensión a mis posibilidades. Recuerdo que tenía mucho entusiasmo  de mi vida, mis proyecciones y sobre de mis sueños.

Pues no me equivoqué, logré muchas cosas, más de las que podía imaginar, trabajo, amigos, amor y una linda y preciosa razón por la cual estar muy favorecido, mi hija. Ahora comprendo que este último fue el factor que cambio mi vida, es por eso que  ahora quiero centrarme en los sentimientos y decisiones.

Cuando comenzamos a desarrollarnos fuer de la vida universitaria o académica se vienen nuevos temores, trabajo, dinero, novias/os y familia. Cada una de ellas con una especial atención e intensidad. Al encontrar el trabajo uno se esfuerza, trabjo de superarse y



adolescencia->con licencia para errar

La historia de la vida no siempre empieza y termina como en las películas, el clásico niño que sufre pesares y maratónicos sufrimientos para luego, por acto de magia, aparecer el pariente millonario y le cambie la vida. Pienso que las historias que cada uno tiene que contar son más alegres, más interesantes y algunas veces mucho más sufridas que las mismísimas telenovelas lloronas mexicanas que el canal 4 siempre presenta.

Pero me centro en lo que quiero decir ahora, hablar de una historia que puede ser la tuya, como lo pudo ser la mía o al menos hubiera querido q sea; en fin, solo es narración, nada más que eso.

Del chico del que les quiero hablar es de un chico llamado Eduardo; lo conozco muy bien porque viví y sufrí algunos de sus pesares o al menos los más importantes. Es que la cercanía de nuestras casas hacía más fácil nuestra conexión.

Secundaria, una de las cosas más emocionantes y excitantes que pudo tener hasta ese momento, donde conoció a los que hasta ahora considera sus mejores amigos y, según pude corroborar, hasta ahora aún lo son.

1 Día de clases:

Es lunes como siempre y hasta ahora le sucede, no se acostumbra a los horarios estrictos que la sociedad capitalista impone, al final lo hace. En fin, el uniforme nuevo y el nuevo colegio despiertan en él una curiosidad digna de curar. Orgulloso por haber aprobado el examen de ingreso, que la verdad, a mi parecer y al suyo, solo sirve para aumentar fondos más que ; en fin.

Bañadito, camisa nueva igual que los zapatos, se dirige hacia ese colegio inmenso, de mucha historia y del cual quería formar parte. Oohh, qué bien el pasaje escolar; en ese entonces todavía costaba 0.30 céntimos de sol, qué maravilla para los escolares y desgracia para los cobradores que nos odiaban por eso.

Parado en la fila al igual que un sinfín de muchachos como él, viendo a los chicos de 5º año, que posiblemente dentro de pocos años se convertirán Pero algo lo perturba, ¿Eduardo, verdad? le dice un chico gordo, alto para su edad, al que todos a primera vista veían con miedo. Sí, si claro, Eduardo, responde temeroso. Dentro de él se asombra de lo suertudo que puede ser, el primer día de clases y ya le darán una golpiza de bienvenida, pero no recordaba quién era ese muchacho desaliñado con la camisa afuera y con aspecto de hijo de delincuente momón; no recordaba qué le podía haber hecho en su corta vida.

A ese muchacho, al que lo nombraré "Montesco", lo miro fijamente y sonrío; es cierto, una sonrisa pendeja, de esas en las que no sabes si te toman el pelo y te lo dice con honestidad. Le dijo que lo conocía por su mamá; la mamá de Eduardo es profesora y ella le había enseñado hace mucho tiempo y de ahí la relación. "No te preocupes, Eduardo, cualquier pleito, me pasas la voz; no conoces la la secundaria aún y verás que me vas a necesitar algún día". Mucho caso no le hizo , nada quería que cambiara su concepto sobre la vida en la secundaria. Pero algo de esto lo tranquilizaba: tener un guardespalda y de tal tamaño lo hacía invulnerable, con licencia para joder a todo y a todos.

Llegó la hora de que escogieran las aulas, se sentía seguro porque en el examen de ingreso ocupó los primeros puestos, así que con los matones no le tocaría ni a balas. Cabe mencionar que en un colegio nacional las cosas varían de extremo a extremo. Están desde los más inofensivos hasta los más energúmenos, como decía mi profe de literatura. Terminó la bienvenida por parte de las autoridades del colegio, más aburridas, pero bueno, había que acostumbrarse. Los profesores tenían el primer listado, aula A, nombró a todos menos a Eduardo, pero había decidido que la desesperación estaba fuera por ese día; solo la paciencia reinaría , bueno, al menos por ese día. Dictaron las famosas listas: Aula B, C ,D ,E , F... Nooooooooooooooo, Dios... Aula G el último salón que quedaba en la mañana, estudiar en la tarde, ni pensarlo, no quería formar parte de esos grupos. Según se tenía entendido hasta ese entonces, los chicos problemas y no malandrines estaban en el turno tarde, tiempo después, la vida misma le enseñaría que no era asi. Bueno, no estaba dispuesto ,que lo degradaran a tal escalón; era muy orgulloso el Eduardo, pero bueno, Aula G, lo llamaron por fin, era un premio consuelo, pero no estaba dispuesto a aceptarlo totalmente. Como en muchos lugares e instituciones suele suceder, se recurrió a una de las tácticas más antiguas en el comercio de bienes y servicios: "las influencias".

Solo 3 semanas duró en ese salón, pero le bastó para darse cuenta de la realidad de pertenecer a un colegio nacional, pero no estaba dispuesto a rendirse. Por fin el día que esperaba llegó. Al fin, Eduardo tuvo su primer rose con un muchacho del salón; su nombre era Horacio, un tipo idiota a mi parecer, que al no tener la facultad para hacerse notar por sus propios medios buscaba a alguien a quien darle golpiza, y Eduardo no estaba dispuesto a aceptarlo, puesto que su reputación para toda la secundaria estaba en juego, a la hora del recreo te espero, hijo de put.. Y Eduardo, para no quedarse atrás, lo insulta de la misma manera: "No te tengo miedo, conch......, ahí te esperaré", le contestó. Pero en fin, ya seguiré contando como fue la vida de este querido compañero.

viernes, 14 de enero de 2011

Independencia



Independencia, es una palabra por el cual muchos han luchado y también muchos han muerto. Es un sentimiento que toda persona ha idealizado y le da un sentido a la vida cuando creemos que la perdimos o cuando realmente la hemos perdido.

Es cierto que he querido esto, vivir solo, mantenerme, tratar de demostrarme a mí mismo que soy una persona a la cual ahora sí da pie y batalla a cuanto problema surja.

La vida de niño, cómo la extraño. Las preocupaciones se las daba a los adultos; uno solo tenía que muchas veces pedir y otras exigir, pero cuando crecemos, damos nuestros primeros aires de independencia, el sentirse libre y sin límites, claro está, dentro de nuestras posibilidades. Pero cuando uno llega a cierta edad, ocurre la más grande batalla por la independencia, esa por la cual uno, como caudillo, o vive para disfrutar la victoria o muere y es subyugado por el vencedor.

Creo que, aunque muchos digan que muchos de los problemas se resuelven con sentimientos buenos y amor, creo que el determinante de esta batalla es el dinero. No soy materialista ni un ser al que solo le interesa su interés personal y financiero, no me malinterpreten, solo soy una persona realista. Ninguna persona o país consolida su independencia sin poder haber solucionado el factor económico.

Es muy gracioso cuando empiezas a ganar dinero; ese sentimiento de independencia se aviva en nuestro ser, nos hace sentir que lo podremos todo y que los demás problemas, así como este, seremos capaces de solucionarlos.

No me da miedo el trabajo; de eso debo agradecer a mi padre, que me enseñó que el dinero no cae del cielo y que sabe mejor cuando lo obtienes con esfuerzo. Los trabajos en los cuales estuve me dieron una idea de lo que posiblemente se me iba a venir, es por eso que las quejas no son parte de mí.

Ahora tengo un nuevo trabajo, uno en el cual me siento bien, pero vienen ahora las dudas que toda persona tiene: ¿este será el empleo que necesito, merezco? No lo sé, lo único que te puedo decir es que es el primero, en serio, y que lo pienso hacer lo mejor posible.

Ahora vienen otros de los problemas que he visto; ahora que tengo las cosas un poco más claras, tener independencia también implica tener más responsabilidades. Cuando recién empecé, tenía otras preocupaciones: cenas, bailes, fiestas, pero olvidé algo que me decía mi padre: el dinero, así como llega, así se va. Craso error, ahora realmente comprendo lo que decía. En estos momentos, como muchos dirían, estoy en la bancarrota financiera; ciertamente no es para suicidarse, pero como mi primera crisis, me siento fuera de foco, y comenzaré a hacer lo que todas las personas y países hacen: “el préstamo”. No sé si será la solución, pero creo que será la solución más inmediata que exista.

Con 26 soles en el banco y con muchas cosas por pagar, la desesperación me hace rendirme al primer bombazo, porque pedir a los padres es una opción, pero creo que sería un insulto a mi ego; me sentiría un incapaz, un hombre por el cual en el examen final lo reprueba y con la peor nota. Dudo que lo haga, pero, como siempre he dicho, el nunca no existió ni existirá.

Este es un reto, uno de los primeros, y quiero resolverlo yo mismo, sentirme capaz de algo, terminar lo que empecé. Y al final decir “lo hice, carajo”. Esta real prueba de vida la aprobé y con méritos, porque solo me tuve a mí, y seré capaz de hacerlo de ahora en adelante en todo aspecto de mi vida.

domingo, 2 de mayo de 2010

de que lado estás....




A veces quisiera estar fuera de esto, solo pensar en mí mismo y evitarme problemas, pero como siempre, busco la posibilidad más difícil.

Siempre me han criado con el pensamiento de que la muerte es parte de la vida y, aunque lo he tenido en cuenta, hoy y nunca la aceptaré.

En el lugar donde me encuentro, convivo con ella; nosotros jugamos con las posibilidades y, aunque muchas veces hay resignación, nunca habrá en mí conformidad total por muy mal que esté esta persona.

La famosa frase de “nunca me pasará a mí” queda solo como una frase que ahora no cuenta con ningún sentido; nadie está libre de nada, viendo quemados, viendo personas con muchas ganas de vivir estando con cáncer terminal. La verdad es demasiada carga que tengo que llevar a cuestas.

Por muy idealista que parezca la idea, pienso que la calidad de vida de un paciente debe comenzar en nosotros y terminar en nosotros, pero veo que en la realidad no es así, la deshumanización del hombre está cobrando vidas humanas. La competencia está desvirtuando el verdadero fin del personal de salud, no solo de ellos, sino de toda persona en realidad.

Pero a veces no los culpo ni me culpo; quiero creer que esta es una forma de recibir el golpe y sentirlo de una forma más suave.

Porque eso si, no podrán borrar de sus mentes esas “gracias” de alguien que podría ser tu, yo o un familiar muy querido, de alguna persona que por cosas de la vida cayó antes que uno porque en la vida lo único verdaderamente cierto es que no hay nada cierto.

Gracias, doy las gracias a todas aquellas personas que no se han sentido aludidas, porque de ellas será el reino de mi admiración y gratitud. Y si no, entonces debes escoger en qué equipo te encontrarás, en el equipo de los que te dan la mano o en los que necesitan recibirla. Y como la vida me ha enseñado, es muy fácil cambiar de camiseta.

martes, 11 de agosto de 2009

Mi generación




Dicen por ahí que la generación que nació en los finales de los 80 y comienzo de los 90 es una de las últimas que podría decirte que tuvo una buena infancia y niñez completa y de calidad. Esa niñez donde casi nada se sabía de videojuegos y nada de internet, la cual nos dejaba dar rienda suelta a la imaginación para la distracción.

Recuerdo mis días en el jardín de niños (kínder, como ahora se le dice para darles renombre) donde jugaba con unas maderas de colores en forma de cilindros que servían de baquetas cómplices en el ruido infernal que alocaba a mi profesora Elsa... (ahhhh, esa profesora, mi primer amor platónico), jugar juegos tan divertidos como “San Miguel”, un juego donde alguien te tenía que sacar del lazo humano que habías hecho, “El lobo feroz”, “bata” (no me acuerdo del mecanismo del juego), lingo, las escondidillas, los encantados, etc.

A qué muchacho no le han reprendido por traer la ropa hecha trapos, y como solución nos quedaba aguantar los parches de cuero en codos y rodillas en la ropa diaria. Pues tirarse al suelo y jugar con los que se encontrara era parte de la niñez, esa niñez que cada vez la veo más informática y menos humana.


Y qué decir de los programas televisivos, ¿quién no sufrió cuando veía Marcos, sentirse impotente de ver que no podía encontrar a su mamá? Ciertamente no estaba preparado para ver tan complejo dibujo a mis 3 o 4 años aproximadamente. ¿Qué tal el detective Jiban, que era como un robocot pero versión japonesa? Fue pionero en esas vainas de robot humanoide que atrapa malandrines. El Rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, las aventuras de los Picapiedras, el gato Félix, los Supersónicos y, ¿por qué me iba a olvidar de él?, el inspector Gadyetcon sus trucos asombrosos que sacaba de su sombrero para llegar al meollo del asunto. ¿Cómo olvidar la Pantera Rosa? Ese dibujo es lo máximo; hasta ahora lo veo porque, aunque no hablaba, daba a entender todo el sentido de la trama y te quedabas enganchado todo el programa, El Pájaro Loco y su risa, la cual estresaba a mi mamá, y cómo olvidar a los Pitufos. Era lo máximo; después del kínder corría para verlos, ver cómo Gargamel se asaba y decía: “Cómo odio a los Pitufos” después de cada plan fallido. Pucha, esos tiempos inolvidables. De las series de ese entonces solo me acuerdo de El Chavo del Ocho; creo que esa serie ha estado en la vida de todas las personas de la promoción 80s y 90s, pero de esa serie solo me agrada con todos los personajes (antes del cisma), después me parecen pataletas de ahogado, pero nunca pasará de moda, aún ahora me mato de risa por sus ocurrencias, aun recontra conocidas.

Las películas que más me agradaban ver eran las de Disney. ¿Cómo olvidar los 7 enanitos, el pato Donald, Tribilín y toda esa gente?

La verdad, un chico de 4 o 5 años se las juega y se ilusiona con muchas cosas. ¿Por qué negar que cantaba con las canciones de Nube Luz? ¿Por qué negar que me ilusioné con la dalina que al final se mató? Creo que eso me marcó (bueno, la verdad, solo un poco). También Hola Yola y sus burbujitas con las canción como “Vamos de paseo”, “ecccoooo”, con la cual armaban la fiesta en cada cumpleaños que había.

Recuerdo cuando te llevaban a las fiestas de amigos o familiares, te obligaban a bailar, la música de Vanilla ice (rap) o la canción de las Tortugas Ninja (rap) ciertamente, por esos días el rap creo que estaba de moda. ¿Qué decir del Meneíto, sopa de caracol y todas esas canciones que en su momento e incluso ahora siguen siendo lo máximo.

Recuerdo cuando jugábamos a ser Rambo con mis amigos, pedirle a mamá que comprara una metralleta de plástico o, si no, simplemente cualquier palo que encontrabas en la casa servía para la guerra. El ritual era colocarte la cinta en la cabeza, pintarte la cara y salir a matar a los pobres vietnamitas imaginarios.

Comenzó la primaria y, a pesar de que el mundo se asombraba de la caída de la Unión Soviética, eso para los chicos de mi promoción todavía no les era de gran importancia. Seguían los juegos y los programas televisivos comienzan a tener mayor importancia en nuestras vidas.

Los Thundercats comenzaban a reinar nuestro interés, las aventuras de Leono y sus patas contra Munra, no me las perdía ni una. Underdog el perro maravilla que daban en el canal 7, las aventuras de meteoro lo máximo, con su Max 5 en sus aventuras con el Pata Enmascarado, que al final terminó siendo su hermano. Bueno, un embrollo, pero ahí estaba. ¿Cómo olvidar a los looney Tunes con Bugs Bunny, el Pato Lucas, Sam, porky y todos esos personajes que me hacían reír? ¿Cómo no olvidar al Rico Mac Pato, más avaro el pobre, con mil aventuras con sus tres sobrinos? ¿Qué decir de Popeye, Brutus, Oliva, Cocolizo y toda la mancha que comía espinaca para volverse fuerte? Lo acepto, también vi Winnie the Pooh, me caía bien por esos días.

Por mis 7 años comenzó a dar las primeras partes de Dragon Ball un dibujo sin importancia que daba en el 5 pero que me comenzó a agradar por la historia que tenía en el fondo; cómo olvidar "Dinosaurio", esa serie con el papá Sinclair paleado por su hijo, el bebé Sinclair, con su clásica "No, la mamá".

Los domingos era clásico ver "El narrador de cuentos", me acuerdo verlo al costado de un vaso de leche y galletas animalitos que compraba mamá, entrar a las historias alucinantes que se relataban, nada visto hasta ahora; esos sí eran programas.


Las primeras aventuras de Power Ranger comenzaron a pasar por las pantallas, los Transformers con Optimus Prime jovencito, X men, el Hombre Araña.

Y qué decir de las series que vi, las cuales me dieron una perspectiva de lo que se vendría más adelante con la adolescencia y todo ese embrollo sin acabar hasta ahora?



¿Quién no ha visto “Los Años Maravillosos”, el popular Kevin Arnold en sus aventuras y explicaciones de su yo interno (voz en off) ya maduro, siempre maleteado por Winnie Cooper? Siempre lo veía antes de irme al colegio ; pucha, me mataba de risa con las ocurrencias de Alf aunque su final me pareció injusto; también Salvado por la campana con Zac Morris y Screech (solo recuerdo a ellos); los magníficos, que de un puñado de chatarra hasta podían hacer un tanque para escapar de sus enemigos (creo q de ellos se inspiraron nuestros amigos de San Jacinto); Baywatch con Mitch Buchannan, Casey Jean Parker (Pamela Anderson de jovencita) me gustaba la acción fuera de lo común que presentaban; y cómo olvidar al príncipe de Rap con un Will Smith joven, Geoffrey Butler ese mayordomo que era tranquilo solo de apariencia, Carlton Banks ese chato recontra gracioso. Todos sus personajes eran lo máximo, pero quiero resaltar a Jazz, el personaje que más me gustaba, recontra gracioso cuando salía volando por la ventana aventado por el tío Philp. Esa serie, junto con Alf son las series que más me gustaron y hasta ahora, cada vez que puedo, las veo.


Por esos años los juegos eran más por géneros, comenzó con el trompo, juego donde en el cole se hacían competencias a la hora del recreo. ¿Cuántos trompos me decomisaron? Perdí la cuenta, en mi cole no dejaban usar pelota de futbol así que la botellas de plástico eran el balón o el zapato de algún descuidado; en algunas ocasiones también lo era; el mundo, ese juego en el que tenía que saltar unos cuadrados pintados en el suelo; Lingo (pobre el que se chantara), bata, una especie de baseball adaptado por los peruanos. Pero había juegos en los que si se unían los géneros; uno de ellos era “las chapadas” el juego en que corrías mucho y en que eras muy bueno, Las escondidas era otro juego integral, esos en el que te escondías de todos y tratabas de “ampayarte” (no se si existe esa palabra) en un lugar específico sin que el buscador lo hiciera primero, no había sitio que no pareciera un buen escondite, la casa, los jardines, los árboles, todo valía.

Las mujeres tenían lo suyo, las muñecas, la comidita (la verdad no le veía lo divertido, pero bueno, cosas de mujeres……), saltar ligas, saltar soga; el mundo de las mujeres, un lugar aún inexplorado, así que esa información la tendré que buscar.

Si bien es cierto la tecnología ha ayudado enormemente a la comunicación de todos, nos estamos olvidando últimamente de algo muy importante, el cual es la “humanización del humano”. Estamos perdiendo cada día la comunicación a pesar de que tenemos internet y todas las redes sociales, falta algo que ya queda cada vez menos, el diálogo propiamente dicho, ese del cual uno se sienta al frente de otro y le expresa su opinión. Nos estamos volviendo más hipócritas, mostrando caras felices en el msn, aceptando sentimientos y posiciones en el Facebook sin realmente expresar el tuyo propio y quizás escribir lo que quieren leer en el Twitter, blogs para tener más vistas y quizás lograr auspiciadores.

Expresa lo que sientes, demuestra que fuiste parte de esa gran generación que nació y creció en los 80s y/o 90s, la cual nos hace los últimos luchadores y sobrevivientes que creció sin un medio de comunicación tan extendido como lo hay ahora y que con pocas herramientas se dio el lujo de conquistar, entre otras cosas, algo del cual creo yo vale realmente la pena , el amor y la buena amistad de un gran amigo.

viernes, 1 de mayo de 2009

hipocresía


Hipocresía, esa palabra es una de las que más odio y es ahora una de las que más está presente en el comportamiento de la gente que me rodea, inclusive incluyéndome.


Pero acá viene la pregunta más simple del mundo: ¿Por qué no decir la verdad?, ¿por qué complicarse la vida? Esa es una de las respuestas que ojalá algún día pueda llegar a saber.


Decir a la persona que más quieres un te quiero, decir a tu ex que no pudiste olvidarla, o simplemente decir a alguien que no deseas verla nunca más, son cosas que, por más simple que suene la teoría, son las que nunca o casi nunca se pueden realizar.


La hipocresía es el primer paso para olvidar; para mí es una gran mentira. La verdad es que la hipocresía, desde mi punto de vista, juega un papel fundamental en el accionar de toda persona adulta, mas no en el profundo y complicado acto de olvidar, ya que el inconsciente jugará en tu contra, tratando de hacerte recordar las cosas que más fastidio te pueden causar, manifestándolas de diferentes maneras.


Hoy me desahogo con ustedes; la verdad, esto tiene que parar, porque o callas y te hundes cada vez en un pozo sin fondo; o lo dices y puede que tengas una escapatoria a tu problema.


Estoy harto de ahogarme en mi pasividad, en no actuar por no poder aguantar los daños que se vengan, en meditar una y otra vez los riesgos para luego medir mi accionar y aunque sea lo correcto, me limita a solo postergar mis acciones.
Pero antes esto no era así; hipocresía y pasividad no estaban en mi diccionario y aunque a veces no tenía los resultados que quería, al menos me iba con la conciencia tranquila de haberlo intentado.

La vida pasa rápidamente ante mis ojos y nadie está dispuesta a esperarme el tiempo que uno quiere; uno actúa de acuerdo a su conveniencia y, aunque sé que es lo correcto, no puedo dejar de sentirme frustrado algunas veces.


En la vida, la hipocresía es un mecanismo de defensa; una vez me dijo una amiga: "Es lo que se pone en práctica para sentirse fuerte ante su flaqueza, alegre en su tristeza y exitoso en su fracaso".


No soy un moralista tratando de hacerte cambiar, pero creo que con un poco más de valor uno puede sacarse de encima esa espina para bien o para mal, pero que al final tendrás tu conclusión.

Como se dijo hace mucho tiempo, la verdad nos hará libres y creo que es lo más recomendable, y aunque no lo digo solo para ustedes, sino para mí mismo, tengo la convicción de que este es el primer paso para encaminarse al éxito, no tanto económico, sino algo más valioso, el personal.


Decir o intentar decirle a alguien que le gustas, que sientes cosas que no las sientes con otra persona, sería lo más valiente que alguien puede hacer, donde el facilismo de la hipocresía queda de lado para dar paso a algo que realmente puede valer la pena. Espero que lo que he dicho sirva para reflexionar, porque de algo estoy seguro: no se puede estar perdiendo el tiempo en estos días; es tiempo de actuar………………..

martes, 17 de febrero de 2009

DECISIONES


¿Alguna vez te has preguntado si las decisiones que has tomado fueron las correctas y si estas te han llevado por el camino que planeaste y hoy sigues?

Las decisiones de por sí son un punto vulnerable en la vida de cualquier persona, pero a la vez son las más grandes hazañas que uno puede realizar.

Desde que nacemos, nuestra vida está obligada a afrontar decisiones, algo más elaboradas que la de los animales, pero con un fin similar, el cual es “decidir para sobrevivir”, claro que en sentidos muy distintos.

Decisiones, las que comenzamos a hacer desde kinder: qué crayola usar, el color y la forma de la mochila (obviamente igual al dibujo de moda); qué cartuchera pedir que te compren, de Power Ranger o Transformers tal vez; si eres mujer, las de Barbie Teacher o sus derivados seguramente. Otra decisión estará en elegir a tus primeros amigos con quienes jugar y, en uno de esos juegos, decidir quién eres: ladrón o policía; quizás planear una travesura a la profesora o fastidiar a la niña de trenzas enormes, cosas así, simplemente decisiones.

Pero tenemos que remarcar que, como todo en la vida, mientras más creces física y mentalmente, más difícil se hace decidir.

Podemos decir que la decisión fundamental en la vida será la de escoger a las personas a quienes llamaremos amigos o mejores amigos, porque uno puede decir que eso uno no lo escoge, el entorno te lo da y listo, pero puedo decir que eso es una reverenda mentira.

¿Quién no escogió a la primera persona a la que besó por primera vez, a la que le dio el primer regalo, a esa persona a la que le dio una felicidad muy distinta a la antes vivida? Claro que esas decisiones vienen con sus respectivas consecuencias, y eso implica muchas veces desilusiones y tristezas, pero en fin, así es la vida.

Para algunas personas se les puede hacer más fácil que otras personas decidan por ellas, de lo cual solo acatarán lo dictaminado, pero creo que tal grado de pasividad es signo de una baja autoestima y de seguridad y puedo asegurar que no podrán surgir social ni personalmente por sí solos.

Decidir la carrera llega después, conflicto que no muchos logran superar; el ser igual que sus padres o simplemente obtener un reconocimiento que nunca antes lo tuvieron son cosas que se les presentan. Lo que sea que se decida, terminar lo que se comienza, muchachos.

Decidir muchas veces nos llevará a errores, errores que nos pueden sepultar socialmente, o quizás perder los que más quieres, pero eso es lo más bonito de todo esto: esa sensación de peligro es la que, aunque no lo crean, les pone el sabor a la vida, y sin ella solo sería algo monótono y sin sentido de vivirla.

Pero de todas las decisiones tomadas hasta ahora, las que nunca deben arrepentirse (salvo en escasas excepciones) son las que se tomaron porque algo o alguien se quiso mucho, pues siempre de todo eso queda algo bueno, algo rescatable, algo imposible de olvidar, y además, como escuché una vez decir: “Nadie te quitará lo bailado”. Pues fueron momentos inolvidables, decisiones bien tomadas…


Pero de todo esto, existe una excepción, como todo en esta vida. La única decisión a la cual estamos supeditados a acatar y que se escapa de nuestras manos es la familia, pues nadie está en la facultad de escogerla.

Seres a los cuales, bien o mal, siempre estarán ligadas voluntaria e involuntariamente. Parece que esta excepción estará con nosotros como un sello, un código de barras que nos dirá quiénes somos y nos hará recordar siempre de dónde venimos para así nunca avergonzarse y tenerlo siempre presente. Es en vano renegar de la familia, pues si nos ponemos a meditar y queremos saber cómo somos y cómo tratamos a las demás personas, solo tenemos que ver cómo tratamos a nuestros seres queridos, pues de ellos se aprende casi todo.